La Ruta de la Seda

  • China

Utilizada desde los tiempos de Cristo, la Ruta de la seda era una red de rutas comerciales que unía Asia y Europa, y que se extendía desde Chang’an (actualmente Xi’an) en China, hasta Antioquía en Siria y Constantinopla en las puertas de Europa y que incluso llegaba también hasta la antigua España en el siglo XV.

El nombre proviene, como no podía ser de otra manera, de la principal y más valiosa mercancía que se trasladaba por allí: la seda, cuya fabricación era un secreto que sólo los chinos conocían. Pero también se trasladaban piedras y metales preciosos, telas de lana o de lino, ámbar, marfil, laca, especias y vidrio, entre otras.

Su origen proviene de la invasión producida en 102 AC por China a la región de Asia Central, hasta llegar a los reinos del Valle de Ferghana, con los que pudo comerciar de manera segura. Por el Oeste, paralelamente, Roma conquistaba la otra punta del camino, adonde llegaban unos suaves y brillantes tejidos, la seda, que asombró a los generales romanos y que, 10 años después, la vestían las más acaudaladas familias en Roma.

Marco Polo es considerado el primer europeo en transitarla. El eje Roma-Chang’an marcaba el principio y el final de una gran cadena de intercambios cuyos eslabones enlazaban a Turquía con Siria, a Irak con Persia, al Cáucaso con las fronteras de la India y China.

Los centros comerciales, en los que se realizaban las últimas y las primeras transacciones, eran las ciudades próximas al valle de Fergana -Bukhara, Khiva y Samarkanda- o las situadas en el inhóspito desierto de Takla-Makanv -las ciudades de Kashgar, Yarkant y Hotan-. En estos oasis en el medio del desierto, debido a los imperativos del clima, las caravanas estaban obligadas a detenerse durante un período de tiempo siempre incierto.