La Muralla cristiana

  • Madrid

Madrid tiene muchos recursos arqueológicos y turismos, por lo que mucha gente acude a la capital de España para conocerlos. Si eres uno de ellos, lo mejor es hospedarse en hoteles en Madrid para poder disfrutar de lugares como la muralla cristina.
Entre los siglos XI y XII se construyó la Muralla cristiana de Madrid, también conocida como muralla medieval, una vez que la villa pasó a la Corona de Castilla.
Esta construcción se realizó como una ampliación del primitivo recinto amurallado, de origen musulmán, para dar cabida a los nuevos barrios surgidos tras la Reconquista. Con el establecimiento de la Corte en 1561, quedó en desuso, demoliéndose prácticamente en su totalidad.
De la muralla, aún se conservan algunos restos que fueron integrados en la estructura de diversos edificios del Madrid de los Austrias, nombre con el que se designa al centro histórico de la ciudad.
Los más importantes se encuentran en la calle de los Mancebos, en la de Don Pedro, en la del Almendro, en la de Escalinata, en la del Espejo, en la de Mesón de Paños y en la Cava Baja, así como en la plaza de Isabel II y en el aparcamiento subterráneo de la plaza de Oriente. Los vestigios que aún se mantienen en pie fueron declarados Monumento Histórico-Artístico en el año 1954.
Sin duda, los restos de la muralla vale la pena visitarlos, recorrer las pocas partes que quedaron en pie y reconocer el sentido estético que ésta se impregnó.

La construcción de la muralla se atribuye al rey Alfonso VII de Castilla, si bien cabe suponer que las obras se iniciaron antes de su reinado, en los años inmediatamente posteriores a la conquista cristiana de Madrid, en tiempos de Alfonso VI.
La función defensiva que la muralla desempeñó tras la Reconquista, como consolidación de las plazas arrebatadas por los cristianos a los musulmanes, y durante el proceso de repoblación cristiana fue desdibujándose en los siglos XIV y, especialmente, XV.
El notable crecimiento urbanístico experimentado por Madrid, con el desarrollo de nuevos arrabales más allá del recinto amurallado, motivaron su demolición, especialmente a partir del siglo XVI, con la designación de la ciudad como capital de España.