Qué comer en Madrid

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Gastronomía madrileña.

Madrid, la castiza, conserva una cocina propia, una gastronomía, encuadrada dentro de la, cada vez, más popular cocina española, que tiene su origen en los tiempos de la instalación de la corte de Felipe II, ya sea el cocido madrileño, los callos a la madrileña, la sopa de ajo o la casquería en general, bien sean postres como las rosquillas tontas y listas, los huesos de santo o las torrijas madrileñas.

Quien ha viajado a Madrid seguro que no ha podido resistirse a los frecuentes aromas a fritura que emanan de algunos de los locales situados en los lugares más emblemáticos.

Un bocadillo de calamares y una caña.

Quien se ha podido resistir al célebre bocata de calamares que se puede encontrar en cualquiera de los múltiples bares de la Plaza Mayor, o quien no ha entrado en un bar siguiendo el olor de unas ricas patatas bravas o unos chopitos.

Ya no hablemos de la tortilla de patatas, las gallinejas o una merienda con churros.

Las famosas patatas bravas.

Una de las sorpresas que aguardan al viajero despistado es la tortilla brava, una especialidad concreta inventada por el rey de las patatas bravas en Madrid, un templo del placer gastronómico “Las Bravas”, en el número 13 de la calle Espoz y Mina, en pleno centro, junto a la Puerta del Sol.

Pero existe otro templo para los amantes de las bravas que rivaliza con el anterior, no muy lejos, por cierto, en el número 337 de la calle Alcalá, se trata de “Docamar”, al lado del metro “Quintana”.

Cuando nos decidamos a probar o degustar un exquisito cocido, con sus tres vuelcos, no podemos dejar de pasar por “Malacatín” o por “Casa Carola”, donde han convertido el cocido en una auténtica obra de arte. Al primero lo encontraremos en el nº 5 de la calle Ruda, junto a Cascorro, y al segundo en el 54 de la calle Padilla, junto a Príncipes de Vergara.

Un rico y exquisito cocido madrileño.

Tampoco hace falta ir por San Isidro para poder disfrutar de unas magníficas “gallinejas”, aunque sean la comida típica de esa fiesta, si no tienes complejos o no te asusta el colesterol puedes ir al lugar donde mejor las preparan en cualquier época del año, “La Casa de las Gallinejas, en el número 84 de la calle de los Embajadores, junto al metro del mismo nombre.

¿Apetecen unas gallinejas?

Si queremos seguir desafiando al colesterol, podemos regresar al Malacatín para degustar unos sabrosos callos a la madrileña o ir a disfrutarlos en uno de los rincones secretos que solo algunos forasteros conocen, ya que los de la ciudad se lo reservan para ellos, me refiero a una taberna que pronto cumplirá sus 100 años de vida y que todo en su interior evoca esta larga trayectoria, pero tras esa apariencia de vieja taberna se esconden uno de los mejores platos de callos y también de bacalao al ajoarriero. Su nombre evoca al famoso estadio del At. Bilbao, pues se llama San Mamés, y la encontraremos en el número 84 de la calle Bravo Murillo.

Los callos hechos en una cazuela de barro, como está mandado.

Entre los postres, quizás, los que más destacan son las rosquillas madrileñas, que podemos encontrar en cuatro variedades distintas, las rosquillas tontas, las listas, las francesas y las de Santa Clara.
Aunque la base es la misma, se distinguen por su acabado, las tontas son sin ningún tipo de recubrimiento, mientras que las listas están cubiertas de un rico azúcar fondant que puede ser de varios colores. Por su lado las francesas se rebozan con un fino granizado de almendra y las de Santa Clara van recubiertas de merengue.

Rosquillas tontas o listas, ¿cuales prefieres?

También encontraremos los ricos mazapanes rellenos de yema conocidos por huesos de santo y las no menos famosas torrijas, aprovechando el pan duro para bañarlo con leche o vino y, una vez frito, recubrirlo con una fina capa de azúcar.

Huesos de santo, pecado de humano.

Madrid está lleno de rincones y lugares donde disfrutar de su excelente gastronomía, cada barrio tiene sus locales favoritos y en el centro hay una auténtica acumulación de bares y restaurantes, a cual mejor. Aunque también en las últimas décadas han proliferado restaurantes dedicados a otras cocinas regionales, a la cocina internacional o a la alta gastronomía moderna. Encontraremos sitios económicos o caros, pero en la mayoría de los sitios se come de forma excelente.

En Madrid hay muchos sitios donde elegir y comer bien